Dilluns, desembre 18, 2017
Inici > Diòcesi > Bisbe > Cartes dominicals > Renovació i continuïtat. Harmonitzar l’antic i el nou (i 3)

Renovació i continuïtat. Harmonitzar l’antic i el nou (i 3)

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

En dos cartas anteriores nos referíamos a la importancia de buscar la unidad, la complementariedad, el enriquecimiento mutuo desde los distintos carismas, de combinar lo antiguo y lo nuevo buscando la mayor eficacia pastoral. El mismo criterio que comentábamos en referencia a niños y jóvenes, es el que se ha de aplicar con los adultos. En este sentido, hemos de potenciar la vitalidad de las comunidades parroquiales y su creatividad, y a la vez, facilitar la inserción de los movimientos eclesiales. No es tarea fácil como todos sabemos, pero no debemos cejar en el intento.

Recuerdo la respuesta del papa Benedicto a un párroco romano en un encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Roma el 22 de febrero de 2007. La pregunta se refirió a los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, que son un don providencial para nuestro tiempo y a los que es necesario encontrar una adecuada integración en la Iglesia. El Papa respondió a partir de dos criterios fundamentales: Uno, tomado de san Pablo: “No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías” ( I Tes 5, 19). Esto significa que si el Señor bendice a la Iglesia con nuevos dones, debemos acogerlos y agradecerlos, aunque a veces no sea fácil su articulación en la pastoral ordinaria. Así ha sido a lo largo de la historia de la Iglesia y también en nuestro tiempo.

La segunda regla se refiere al hecho de que la Iglesia es una, y si los movimientos son realmente dones del Espíritu Santo, por fuerza se han de insertar y servir a la totalidad. Es imprescindible en todo caso el diálogo paciente entre pastores y responsables de movimientos para que su aportación sea fecunda; también es imprescindible el diálogo entre los distintos movimientos y realidades eclesiales para conocerse y reconocerse. La vivencia de los dos criterios con todo lo que comporta de abnegación, empatía, paciencia, aceptación, sufrimiento y espiritualidad de comunión, hace que el fruto sea abundante porque se ofrece un testimonio de unidad, imprescindible para que seamos creíbles en el anuncio del Evangelio.

En los últimos años han llegado a nuestras diócesis métodos nuevos de evangelización como los Cursos Alfa o los Retiros de Emaús. Conviene tener presente también los distintos movimientos de apostolado seglar que llevan largo tiempo implantados, ya sean los movimientos especializados de la Acción Católica -Acció Catòlica Obrera i el Moviment Cristià de Pobles i Comarques- ya sean los Nuevos Movimientos como Cursillos de Cristiandad, Focolares o Comunión y Liberación; a la vez, contamos con diferentes realidades de Iglesia que llevan a cabo importantes obras pastorales; también las propias de congregaciones religiosas, así como el Camino Neocatecumenal, la Renovación Carismática, o los diversos movimientos de espiritualidad matrimonial.

Armonizar lo antiguo y lo nuevo. Al llegar a una parroquia o a cualquier misión pastoral hemos de saber valorar lo que recibimos de nuestros predecesores y trabajar en continuidad con el trabajo realizado, venciendo la posible tentación de inventarlo todo y partir de cero. A la vez es preciso incorporar los nuevos elementos, -métodos, movimientos, etc-, que sean convenientes y necesarios para el bien pastoral de una comunidad determinada. No se pueden implantar todos a la vez porque eso llevaría a la dispersión y al caos; tampoco se puede “copiar y pegar” todo lo que vamos conociendo, porque no todas las feligresías son iguales, ni las culturas, ni los lugares. En definitiva, hay que discernir y priorizar, desde la oración y la reflexión, teniendo presente la realidad concreta; desde la comunión y la corresponsabilidad, porque los colaboradores y feligreses también son responsables de la pastoral y se les ha de escuchar, y sobre todo, buscar siempre la voluntad de Dios y el bien pastoral.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa