jueves, enero 18, 2018
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Sagrada Familia

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

En este domingo, que sigue al Nacimiento del Señor, celebramos a la Sagrada Familia de Nazaret y contemplamos que Jesús nació y creció en una familia humana. Hoy es un día propicio para celebrar el valor y la belleza de la familia, en un tiempo en que se ve afectada por cambios profundos. En diferentes ocasiones me he referido al sociólogo Zygmunt Bauman, cuya obra estuvo marcada por la categoría de modernidad líquida, con la que define el desvanecimiento de las instituciones sólidas que fundamentaban nuestra vida, la orfandad de referencias consistentes que padece el ser humano. El amor líquido, característico de la sociedad posmoderna, es un amor sin fundamento ni compromiso, porque se tiene miedo al sacrificio y a la renuncia, imprescindibles para un proyecto de vida común. Por desgracia, las relaciones amorosas acaban convirtiéndose entonces en breves episodios, en los que prima la búsqueda del beneficio personal, evitando los compromisos duraderos. Lo que antes eran vínculos fuertes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles, y esto afecta enormemente a la familia.

La familia está sufriendo cambios importantísimos. El papa Francisco, en el capítulo segundo de Amoris Laetitia, afirma una vez más que el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia, y se refiere al cambio antropológico-cultural que se está produciendo, que influye en todos los aspectos de la vida: un individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares; la cultura de la posesión y del disfrute, que genera dinámicas de intolerancia y agresividad; un ritmo de vida caracterizado por las prisas, la inmediatez, el estrés; la misma organización social y laboral, que dificulta las relaciones humanas y la posibilidad de opciones permanentes. Por otra parte, no faltan planteamientos ambiguos en la misma educación, cuando se apuesta en exceso por la espontaneidad en detrimento de la disciplina y los comportamientos pautados. La consecuencia es que la familia puede convertirse en un lugar de paso, al que uno acude cuando le interesa, y donde los vínculos quedan reducidos a la precariedad de los deseos y las circunstancias. En consecuencia, el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo descartado.

En este contexto, nosotros anunciamos un año más la Buena Nueva de la Familia. Anunciamos que Dios es amor, que ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, que lo ha creado por amor y lo llama a vivir el amor a través de una vocación que ha inscrito en el hombre y la mujer, que en el matrimonio llegan a ser una comunión de amor que engendra nueva vida. Podemos decir que en cierto sentido, la familia humana es icono de la Trinidad porque en ella se vive el amor entre personas y ese amor es fecundo. En el momento presente es preciso que los cristianos ofrezcamos a la sociedad el testimonio de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, que viven con autenticidad el amor y que están abiertos a la vida, que comparten las penas y las alegrías, que practican las virtudes domésticas con entrega y fidelidad, que viven la comprensión y el respeto mutuo; y que, en definitiva, aportan consistencia y solidez a la Iglesia y a la misma sociedad. Por eso, hoy encomendamos nuestras familias a la intercesión de santa María y a la protección de san José, y pedimos especialmente por las que están pasando por mayores dificultades.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa.