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Ad multos annos. Facta, non verba (Por muchos años. Hechos, no palabras) (10/02/2019)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa

Manos Unidas cumple 60 años. Es el tiempo pasado desde que un grupo de mujeres de Acción Católica convirtió la lucha contra el hambre en un gran proyecto colectivo. Sintieron la llamada del Señor a dar testimonio de un amor efectivo y universal por la familia humana, conmovidas por el hecho de que la mitad de la población mundial padeciera hambre en aquellos momentos. Actualmente podemos decir que se han realizado progresos substanciales en la resolución de los problemas que afectan sobre todo a las poblaciones del hemisferio sur; de ahí que millones de personas hayan salido de la pobreza extrema, haya aumentado el acceso a la educación de niños y niñas y también se haya producido una mejora en el acceso a la sanidad. Pero, por desgracia, durante el año 2017, y por primera vez en muchos años, ha aumentado el número de personas que pasan hambre en el mundo. En el Sur todavía una multitud de millones de personas sigue viviendo en la pobreza y privada de una vida digna.

En nuestro mundo, tan contaminado por el individualismo, es necesario que se recuerde con fuerza la responsabilidad que tenemos “los unos sobre los otros”. La pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está Abel, tu hermano?», es la misma pregunta que ha de resonar en nuestra conciencia. Caín responderá con una evasiva: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). No ha de ser así entre nosotros, porque efectivamente, somos guardianes de nuestros hermanos, todos, los unos de los otros. Y no sólo de una forma primaria y genérica, sino que somos interdependientes, como hijos de Dios llamados a vivir en familia. Por eso Manos Unidas lleva a cabo también una labor de sensibilización y denuncia. La finalidad es que nuestros contemporáneos se dejen conmover por la realidad, por el sufrimiento de los demás, que se compadezcan, que colaboren generosamente en los proyectos, que luchen por cambiar las estructuras injustas. La sensibilización y la denuncia han de llevar a la toma de conciencia, a la conversión personal, a la lucha para transformar la sociedad según el designio de Dios, desde nuestra pertenencia a la Iglesia.

La Iglesia está llamada a vivir su misión a través de un compromiso con los más necesitados, siguiendo el ejemplo de Cristo. San Juan Pablo II en la carta encíclica Sollicitudo rei socialis, afirmó: “Quiero señalar aquí la opción o amor preferencial por los pobres. Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia” (n. 42). Posteriormente, el papa Benedicto XVI, en el discurso inaugural de la Conferencia Aparecida, puso el concepto de la opción preferencial por los pobres en relación con la condición de todo cristiano, ya que la fe en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, lleva implícita esta opción. Por eso el amor a Dios y al prójimo es inseparable y constituye un único mandamiento.

El papa Francisco, más recientemente, planteaba la inclusión social de los pobres (EG 186-216). La Iglesia universal, cada comunidad concreta y cada cristiano en particular, todos estamos llamados a trabajar en la liberación y promoción de los pobres, de manera que se curen sus heridas, queden capacitados para vivir por sus medios, puedan integrarse plenamente en la sociedad, y sean acogidos en la comunidad cristiana. En este trabajo, no puede faltar jamás el signo de nuestra opción por los últimos. Nuestro compromiso con ellos comporta programas y acciones de asistencia y promoción; de denuncia y cambio de estructuras; también que lleguen a sentirse en casa, en familia; y ofrecerles asimismo atención religiosa prioritaria para que recuperen plenamente su dignidad de hijos de Dios.

En este 60 aniversario, agradecemos especialmente a la familia de Manos Unidas la entrega generosa de tantas personas, que hacen presente el amor de Dios en el mundo y son fermento renovador en nuestra sociedad. Que el Señor os bendiga y os de su fuerza para seguir construyendo un mundo fraterno donde reinen la justicia y la paz.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa