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Canonización de Pablo VI y Oscar Romero (14/10/2018)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa

El Papa Francisco canoniza hoy a siete beatos: Pablo VI y Óscar Arnulfo Romero, que son ampliamente conocidos, junto con otros cinco, que también serán elevados a los altares: el sacerdote diocesano Francesco Spinelli; Vincenzo Romano, fundador del Instituto de las Adoratrices del Santísimo Sacramento; Maria Kahtarina Kasper, fundadora del Instituto de las Pobres Siervas de Jesucristo; Nazaria Ignacia March Mesa, fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia y el joven obrero Nunzio Sulpricio. Hoy es un día propicio para que reflexionemos sobre lo que significa una canonización, cuál es el proceso que se sigue, qué aporta a la Iglesia, en definitiva, qué sentido tiene en los tiempos actuales.

La canonización significa el reconocimiento de que una persona ha realizado en su vida el ideal cristiano, con fidelidad y constancia; de que ha llevado a la vida el mensaje del Evangelio con obras y palabras, de una manera real y objetiva. Es un reconocimiento solemne que hace la Iglesia; y con la canonización se propone a esta persona concreta como ejemplo, como inspiración, y a la vez se autoriza la veneración y la plegaria pidiendo su intercesión. Por otra parte, las canonizaciones nos recuerdan también la realidad de la comunión de los santos, es decir, el hecho de la comunión misteriosa, pero real, con las personas que nos han precedido. Porque nuestra vida no termina con la muerte, sino que se transforma, y al finalizar nuestra estancia de peregrinos en la tierra, llegamos a nuestro destino definitivo en el cielo.

La proclamación como santo es el final de un largo proceso que consta de cuatro etapas. La primera es la declaración de Siervo de Dios. El obispo diocesano y el postulador de la causa solicitan iniciar el proceso de canonización y presentan a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona. Previamente se realiza una exhaustiva investigación con personas que la conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. La Santa Sede por medio de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe y responde oficialmente dictando un decreto en el que declara que nada impide iniciar la causa.

La segunda etapa es la declaración de Venerable. La Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano aprueba la “positio”, un documento en el que se incluyen, además de los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos del Siervo de Dios. Si por estas detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, el Santo Padre lo declara Venerable. Esta parte comprende el proceso sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios; el proceso de los escritos, en el que una comisión de expertos analiza sus escritos; la elaboración y presentación de la “positio”; el examen por parte de una Comisión de teólogos consultores; finalmente, si es aprobada la “positio”, el Santo Padre dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes.

La declaración de Beato es la tercera etapa. Para que un Venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión. Dicho milagro debe ser probado a través de una instrucción canónica especial, que incluye el parecer de un comité de médicos y de teólogos. El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida como mártir. Por último, la canonización. Para ello es necesario otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. La Congregación para las Causas de los Santos examina este segundo milagro presentado siguiendo los mismos pasos que para el primer milagro que se presentó para la beatificación. El Santo Padre aprueba el Decreto de Canonización, que culmina con la celebración en la basílica de San Pedro o en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Las personas canonizadas se nos proponen como ejemplo, como inspiración. En todas ellas brilla la coherencia de vida, la fidelidad al Señor, la entrega generosa, la aceptación de la cruz, la profunda vida espiritual, el celo evangelizador, la dedicación a los más pobres y pequeños. Que su ejemplo e intercesión nos ayuden, pues, a superar todo tipo de tentaciones en el camino de santidad que todos estamos llamados a recorrer.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa