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Fiesta de Nuestra Señora de la Mercè en el VIII centenario (23/09/2018)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa

Celebramos un año más la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, si bien este año reviste una importancia especial, ya que se celebra en el contexto del VIII centenario del nacimiento de la Orden de la Merced. Ante esta efeméride, viene a mi memoria la recomendación de san Juan Pablo II en la carta apostólica Novo Millenio ineunte, en el umbral de un nuevo milenio, cuando nos invitaba a tener una triple actitud: recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro, a partir de las palabras de Jesús a Pedro en el mar de Galilea-“Duc in altum!-, y que también hoy resuena para nosotros.

Por eso hoy me uno especialmente a la familia mercedaria en su acción de gracias por todas las mercedes, las gracias, las misericordias recibidas del Señor a lo largo de estos ocho siglos. Me uno asimismo en su mirada de esperanza hacia el futuro, confiando en el Señor, siempre presente en nuestra vida; confiando en María, madre solícita de sus hijos; confiando en los hermanos con los que compartimos el camino en familia, en comunidad, en Iglesia. Y me uno, finalmente en su pasión por el presente, en su anhelo por reavivar el carisma de liberación que han recibido, en ser conscientes de la grandeza de su vocación mercedaria y de la misión que les ha sido encomendada.

Ese presente y ese futuro al que me refiero están muy bien formulados en el Mensaje a la Orden de la Merced con motivo del XVI Capítulo General Orden de la Merced que tuvo lugar en Roma, entre el 23 de abril y el 14 de mayo del 2016. Me permito hacer algunos subrayados de ese texto y pido al Señor que conceda vivir esas actitudes a la familia mercedaria, y con los matices y aplicaciones convenientes, a toda la Iglesia.

En el texto se pide al Señor ser misericordiosos como el Padre, de manera que la celebración del octavo centenario pueda ser un impulso para proclamar con mayor fuerza y valentía el año de gracia del Señor especialmente a todos los necesitados de aliento y de liberación (n. 5). Al mismo tiempo esa proclamación tiene que ir acompañada de la disposición a dar la vida por los cristianos cautivos en el mundo actual y en los contextos diversos, convencidos que el carisma mercedario es un verdadero don de Dios para la Iglesia y para toda la humanidad (n. 6) necesitada de la redención de Dios.

Esa misericordia de Dios tiene que hacer de los mercedarios personas compadecidas y servidoras de los demás, dispuestos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. Así como Moisés se solidarizó con sus hermanos esclavizados en Egipto, San Pedro Nolasco hizo suyo el sufrimiento de los cautivos en Berbería para liberarlos, y estableció el cuarto voto de redención (n. 7). Hoy en día se tiene que responder a los desafíos actuales del mundo, denunciando las cadenas de materialismo que oprimen al ser humano y anunciado la Buena nueva del Dios misericordioso, que nos ha redimido por Amor en Jesucristo (n. 8). Para hacerlo, pido a la familia mercedaria, que como su fundador, San Pedro Nolasco, sepa ir siempre ligera de equipaje, dispuesta en todo momento a visitar y a liberar la persona humana de sus ataduras para poder vivir su dignidad de hijos de Dios (n. 10).

Que Nuestra Señora de la Merced, patrona también de la Provincia Eclesiástica de Barcelona, que formamos la archidiócesis de Barcelona, y las diócesis de Terrassa y Sant Feliu del Llobregat, nos ayude a vivir el carisma mercedario en medio de nuestra sociedad, pues la verdadera piedad mariana nos ayuda a difundir el bien, ya que la fe, la caridad y la generosidad de María se tienen que encarnar en todos los que la invocamos como Madre.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa