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Sagrada Familia (30/12/2018)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. El fragmento del Evangelio de san Lucas que escucharemos en la celebración de la Eucaristía nos presenta a la Virgen María y a san José que, siguiendo la tradición judía, suben a Jerusalén por Pascua junto a Jesús, que había cumplido doce años. Sin que sus padres lo adviertan, Jesús no vuelve con ellos sino que se queda en el Templo, y allí le encontrarán más tarde dialogando con los maestros de la Ley. Cuando le piden explicaciones, angustiados como estaban, les responde que su lugar es precisamente ese, la casa de su Padre, la casa de Dios. La escena nos presenta a María y José preocupados porque no encuentran a su hijo. Es la reacción lógica de unos padres responsables que aman a su hijo y quieren lo mejor para él, que velan por su educación y crecimiento en todos los aspectos, en “sabiduría, estatura y gracia”.

El papel de los padres en la educación es fundamental, es la base y el principio sobre el cual se construye el futuro. Los padres han dado la vida a los hijos y tienen la obligación, el deber inalienable de educarlos. Ciertamente, la situación de nuestra sociedad occidental lleva a las prisas, las carreras, el estrés, y la consiguiente falta de tiempo para educar a los hijos, para dedicar tiempo a jugar con ellos, para que tenga lugar una suficiente comunicación y diálogo. Aquí quiero recordar y agradecer la labor extraordinaria que actualmente están realizando los abuelos en muchos hogares. No sólo en su tarea de canguros libres o “forzados”, sino también en las horas que dedican a la educación humana de los nietos, y más aún en su tarea de la transmisión de la fe. Pero no hay que olvidar que educar a un hijo es la obra principal que los padres deben hacer en su vida. A la vez es un derecho que tienen, intransferible, que nadie puede usurpar.

La escuela de la vida empieza en el hogar. Por eso es tan importante propiciar un clima familiar animado por el amor a Dios y a los otros, que favorezca una educación integral. El Papa Francisco, en su viaje apostólico a Irlanda para el IX Encuentro Mundial de las familias, en el discurso que pronunció en el Estadio Croke Park de Dublín, el 25 del pasado mes agosto, recordó unos consejos prácticos sencillos y fundamentales a la vez para vivir en familia, para oxigenar las relaciones de cualquier grupo humano. Lo había propuesto en una catequesis en la Audiencia General del 13 de mayo de 2015: «Sobre esta puerta de entrada están escritas tres palabras, que son: «permiso», «gracias», «perdón». En efecto, estas palabras abren camino para vivir bien en la familia, para vivir en paz. Son palabras sencillas, pero no tan sencillas de llevar a la práctica. Encierran una gran fuerza: la fuerza de custodiar la casa, incluso a través de miles de dificultades y pruebas; en cambio si faltan, poco a poco se abren grietas que pueden hasta hacer que se derrumbe».

Es preciso favorecer un ambiente en que se viva el amor, la donación, la apertura a Dios y a los demás, la convivencia, el respeto y la tolerancia, así como la solidaridad. La familia es el mejor lugar para el aprendizaje del perdón y de la reconciliación, y en la familia el amor mutuo ha de ser más fuerte que las ofensas y problemas que se puedan suscitar. San Pablo nos da la fórmula: «Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada» (Col 3,14). Pidamos hoy a la Sagrada Familia de Jesús, María y José que mantengan a nuestras familias en el camino del amor, de la alegría, de la felicidad y de la apertura a la vida. Pidamos por las familias que están atravesando dificultades, que con la gracia del Señor y su colaboración lleguen a superarlas.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa