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Un Sínodo para los Jóvenes y con los Jóvenes (19/08/2018)

Escudo Episcopal de Obispo de Terrassa

Durante el próximo mes de octubre se celebrará en Roma la asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que en esta ocasión reflexiona sobre el mundo de los jóvenes, concretamente sobre: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El objetivo principal del Sínodo es hacer que toda la Iglesia tome conciencia de la importante tarea de acompañar a cada joven, sin que ninguno quede excluido, un acompañamiento que le ha de conducir a vivir su vocación en la Iglesia y en el mundo; en segundo lugar, al llevar a cabo esta misión, la Iglesia misma se renueva y reaviva su dinamismo juvenil; en tercer lugar, también es importante aprovechar esta oportunidad de discernimiento vocacional, que sin duda le ayudará a descubrir cómo puede responder mejor en el momento presente a ser luz, sal y levadura de nuestro mundo.

El tema de los jóvenes y la vocación me parece de gran trascendencia para la Iglesia y para la sociedad, y por eso me gustaría compartir algunas reflexiones en estas semanas previas a partir del Instrumentum laboris, el documento de trabajo, que fue presentado el 19 de junio pasado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, destacó que está redactado según el método del discernimiento, y se inspira en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco, concretamente en el número 51, del cual se extraen unos pasos que el Papa recoge, y que se formulan con tres verbos: reconocer, interpretar, elegir.

El primer paso del discernimiento está marcado por el verbo reconocer. Reconocer significa escuchar a los jóvenes y tenerlos en cuenta en las condiciones reales en que se encuentran, y también considerar cuál tendrá que ser la acción de la Iglesia en relación a ellos; significa asumir los desafíos y oportunidades que surgen en los diversos contextos actuales a la luz de la fe, sin temor, afrontándolos con seriedad y profundidad, de manera que se pueda preparar del mejor modo el camino futuro.

El segundo momento es el de profundizar e interpretar adecuadamente las situaciones expuestas en la primera parte. La juventud es el tiempo del amor y de la alegría, de la fuerza, de la conquista y del riesgo, de la incertidumbre y del miedo, de la caída y de la conversión, de la disposición a escuchar y de la maduración; en este tiempo es necesario ofrecer un amplio marco de comprensión de la cuestión vocacional e invitar a considerar todo tipo de vocaciones en la Iglesia y en el mundo; también será preciso ayudarles a discernir, a leer los acontecimientos de su vida a la luz de la fe, a través de un conveniente acompañamiento.

Por último, después de haber reconocido e interpretado, llega el momento de elegir; una elección que ha de estar orientada decididamente hacia la conversión del corazón y de la mente y a la renovación de las prácticas pastorales. Es preciso ayudar a los jóvenes a encontrar el Señor, a sentirse amados por Él y a responder a su llamada. En esta dinámica de discernimiento, la misma Iglesia, comprometiéndose a acompañar a los jóvenes, podrá reavivar el entusiasmo apostólico.

La conclusión recuerda la llamada universal a la santidad, que es la vocación única y unificadora de toda la humanidad, porque nadie está excluido de esta meta de la existencia. La juventud es un tiempo propicio para la santidad, es decir, para los grandes compromisos, para los grandes ideales, buscando siempre la voluntad de Dios y el servicio a los demás.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa